En lo que respecta a
proyectos de formación y capacitación para las empresas, el informe
SCANS del Ministerio del Trabajo de Estados Unidos (1991) sigue
siendo un referente de primer orden cuando hay que establecer las áreas,
temas y procesos de actualización continua de los empleados. En este
documento se definen las dimensiones de preparación que debe tener
una persona colaboradora en una empresa y les otorga los nombres de:
competencias, habilidades de base, habilidades de pensamiento y
cualidades personales.
Las competencias
base que señala el documento son aquellas que se consideran
cruciales para la participación en las tareas de las organizaciones
modernas, como gestión de recursos, habilidades tecnológicas, o
capacidad para las relaciones interpersonales. Las competencias de
base se consideran aquellas herramientas fundamentales de la
preparación como la lectura, interpretación de instrucciones
orales, aritmética y escritura. En lo tocante a las habilidades de
pensamiento se incluyen hablar, tomar decisiones, pericia creativa y
resolución de problemas. Las cualidades personales son aquellas que
tienen que ver con el modo de ser de cada uno como responsabilidad,
perspectiva ética, sociabilidad, proactividad y autogestión.
En el ámbito
académico se considera crucial la formación basada en competencias
y la abrumadora mayoría de instituciones en nuestro país ya están
desempeñando su labor formativa bajo dicho esquema, con un sesgo muy
fuerte hacia lo que entenderíamos como “competencias para el
trabajo” o “habilidades para la labor”.
Evidentemente se
trata de cuidar con mayor o menor éxito el traslado de conocimiento
teórico hacia el estudiante sin descuidar las necesidad que tienen
los egresados de colocarse rápidamente en el mercado laboral, para
lo cual requieren contar con los conocimientos y las habilidades
prácticas que demandan los nuevos puestos. Dicho sea de paso estas
necesidades están cambiando debido a la actualización tecnológica
sistemática, la elevada velocidad en el ciclo de vida de productos y
servicios, así como el nivel incrementado de competitividad entre
organizaciones. Todo esto está facilitado entre otras cosas por la
cercanía comunicativa que brinda Internet. Precisamente, la red de
redes acerca estrechamente a productores y consumidores, a
competencia y proveedores, lo que deviene en un entorno atroz y
cambiante de elevada rivalidad por la supremacía.
Sin embargo, por el
otro lado se tiene una situación paradójica: las nuevas
generaciones de estudiantes y profesionales se están acostumbrando a
no leer, instigados quizá por la inmediatez que brindan los clics en
la web, los likes en Facebook, los videos o imágenes que se envían
por Whatsapp y demás, están perdiendo habilidades para una
concentración sostenida y para la introspección requerida para
vincular los nuevos saberes con la experiencia previa, o para
comprender cabalmente el fundamento que causa un bien o servicio, o
que sustenta un proceso productivo o una política administrativa.
Nos encontramos así
en un escenario contrapuesto donde por una parte los requerimientos
de la ‘vida real’ son exigentes, cambiantes y crecientes, los
cuales demandan cada vez una preparación más profunda y adaptativa;
pero por el otro muchos capacitadores o docentes no tienen la
preparación para acompañar efectivamente la formación de sus
aprendices, ni éstos a su vez dominan las habilidades básicas de
pensamiento, comunicativas, de análisis, manejo de medios,
resolución de problemas, etc.
Sabemos que no tiene
sentido y sería erróneo plantear un alto en el camino para
reflexionar, menos aún detener las tendencia de la globalización.
En México, un usuario promedio de redes sociales y otros medios
comunicativos móviles dedica hasta 20 horas por semana al
seguimiento y toma de contacto con los integrantes de sus redes, sin
embargo un gran porcentaje de ése tiempo está enfocado puramente en
temas lúdicos o trivialidades, dejando de lado las enormes
posibilidades de estos recursos para el crecimiento, formación y
capacitación. ¿Qué sucedería por ejemplo, si estas personas dedicaran 1 hora diaria a leer, a prepararse de manera sistemática y reflexionar?
Pues sucedería que tendrían aún 13 horas para la interacción en línea, y que habrían leído un libro cada semana. Así de sencillo es.
Las organizaciones
que desean extender sus procesos de formación y capacitación, las
universidades y centros de entrenamiento deberán encontrar el justo
medio entre tecnología, contenidos, interactividad y socialización.
Las plataformas LMS modernas que se emplean para la capacitación en
línea reconocen el gran potencial todavía inexplorado de las redes
sociales, y el profundo efecto formativo que puede tener el
aprendizaje informal vinculado con los procesos institucionales de
mejora continua en las habilidades del personal.




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